¿Es correcto presionar a la persona para   que se bautice?

¿Es correcto presionar a la persona para que se bautice?

La  Biblia  nos  enseña el   peligro  en  el   cual   se encuentran los que no han obedecido el Evangelio de Cristo (2 Tes. 1:8-9). También nos enseña la condición espiritual de tal persona: Alejados de Dios (Ef. 2:12); Separados de Dios (Is. 59:1-2);  Muertos  en delitos  y pecados  (Ef.  2:1); En espera de muerte (Ro.  6:23); Esclavos del pecado (Jn. 8:34). Si en realidad tenemos compasión por el perdido, esto nos preocupará y nos motivará  a  enseñar el  Evangelio  a  otros  para  que puedan  ser salvos  (Mc. 16:15; Ro. 1:16).

Pero,   el    presionar   a   una   persona   a   que obedezca   el   Evangelio   no  es   algo   recomendable. ¿Por   qué?   Porque   la   persona   que   obedecerá   el Evangelio siendo presionada no lo hará consiente del porque  lo   está haciendo;  luego  los   que  obedecen siendo presionados u obligados se apartan del camino rápidamente.   La persona necesita saber   por qué es importante   obedecer el  Evangelio de Cristo.   Si no está seguro  de  lo  que  va  hacer,   entonces   lo  más recomendable es que no lo haga, sino que estudie un poco más en cuanto a este tema del Evangelio.

Muchos  hoy  en  día,  especialmente  en campañas,   tienen   la   costumbre   de   forzar   a   las personas a que se bauticen y se sientan al lado del no- Cristiano para que cuando hagan la invitación los comiencen a presionar para que se bauticen; nuevamente,   esto no  es recomendable  y no  existe ejemplo bíblico para ello.    Unos usan Hechos  10:48 donde   el   texto dice,   “y   mandó  bautizarles  en   el nombre  del Señor  Jesús.  Entonces le  rogaron  que se quedase   por   algunos  días”      Recordemos   que  el contexto  de  este  pasaje  habla  de  la  conversión  de Cornelio,  y en  esta narrativa,  nunca  vemos  a Pedro obligando a Cornelio a bautizarse.

Este era un hombre temeroso de Dios el cual había mandado a que trajesen a Pedro para que les hablara palabras  por  las  cuales  serían  salvos (Hch.  11:14) Cornelio ya tenía la disposición de obedecer a Dios y sólo  esperaba  que le  dijesen  lo  que debía de  hacer. Las personas que son presionadas a ser bautizadas, la mayoría de ellas no tienen la disposición como la tuvo Cornelio.    Otros  usan Hechos  22:16 donde  el  texto dice, “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.” Unos dicen, “aquí está,  Ananías presiona a  Pablo para  que  se  bautice  y le  pregunta  que  porque  se demora”    Ananías  no estaba  presionando a Pablo a que se bautice, ya que la  Escritura  dice  en Hechos

26:19 “Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial.”  El apóstol Pablo tenía la disposición de obedecer a Dios, y por eso dijo, “¿qué quieres que yo haga?”

Muchos  hoy  en día no hacen esta pregunta,  ¿Porqué?  Porque  no  están seguros  de  lo  que  quieren hacer.  Entonces Pablo no fue presionado por Ananías a ser bautizado.   Hay una diferencia entre advertir / persuadir y presionar.  Cuando se advierte se le dice a la persona  que si no se bautiza no será salva, y se le dice esto porque así lo dice el texto (Mr. 16:16), pero no  se  le   está   presionando,   sino   advirtiendo   del peligro.   Presionar significa que a cada momento lo estará presionando para que haga algo que no quiere hacer;  lo obliga  a hacer algo que va  en contra de su voluntad.    Esto  es presionar  a  la  persona.     Pero, advertir / persuadir es otra cosa.   Por lo tanto, no es recomendable presionar a la persona a que haga algo que él o ella no quieren hacer; especialmente presionarlos  a obedecer el Evangelio.

Debemos recordar que nuestro trabajo es enseñar y persuadir  a las personas  (Mt.  28:18-20; Mc.  16:15;  2

Co. 5:11) y no presionarlas a hacer algo que ellos no quieren  hacer.   Nosotros  sólo  sembramos  y regamos la semilla  y Dios  es el  que  da  el  crecimiento  (1 Co.3:6).

Jesús  nunca  forzó  a nadie a hacer  su voluntad  y para  esto tenemos grandes ejemplos como el llamamiento de los discípulos (Mt. 4:19-20) y el joven rico   (Mt.   19:16-30).  En   estos  ejemplos   podemos observar  que  Jesús  no  obliga  a  nadie  a  hacer  su voluntad, sino que cada uno tenía que hacerlo por su propia voluntad.   De  la misma  manera  debemos  de dejar a los hombres que por ellos mismos y decisión propia  obedezcan  el  evangelio  de  Cristo,  nosotros solamente  podemos  advertirles  del  peligro  en el que se encuentran, ya ellos decidirán si obedecen o no.

Si alguien en realidad sabe lo que es el Evangelio y

porqué  debe  de  obedecerlo,  esta persona  no necesitará que alguien lo empuje o presione a hacerlo. Cristo dijo, “El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta” (Jn. 7:17) y conociendo esto imitará el   ejemplo   de   todos  aquellos  que  obedecieron   el Evangelio    en    el    libro    de   los    Hechos    sin    ser presionados.

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