¿Por qué hay diferencia entre el Dios del N T y del A T?

DISPOSICIONES PARA ESTUDIAR LA BIBLIA

Dios es inmutable. Esta palabra difícil, significa que no cambia, que es siempre el mismo. Es lógico: si Dios es perfecto, no podría ser algunos días más perfecto (porque perfecto es perfecto), ni podría ser otros días menos perfecto (porque ya no sería perfecto). De la misma manera, si Dios es infinito, no puede algunas veces ser más infinito y otras veces menos infinito, porque infinito sólo puede ser infinito. Su Palabra

lo dice: «Yo, el Señor, no cambio.» (Malaquías 3.6), y también leemos que: «Toda buena dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto, donde está el Padre que creó las lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve como las sombras.» (Santiago 1.17)

 

Entendido esto, debemos entender también que Dios es amoroso, clemente y misericordioso siempre, y también es justo y aborrece el pecado siempre. Lo vemos mostrando su amor y su misericordia en el Antiguo Testamento así como en el Nuevo, y lo vemos expresando su ira santa y su juicio ante el pecado en el Antiguo Testamento tanto como en el Nuevo.

 

Por ejemplo, miremos con cuánto amor, después de la caída y antes de expulsar a Adán y a Eva del jardín del Edén, «Dios el Señor hizo ropa de pieles para el hombre y su mujer, y los vistió.» (Génesis 3.21). ¡Y cuántas muestras de misericordia encontramos en el Antiguo Testamento! Misericordia de Dios hacia su pueblo, que le es infiel una y otra vez, y Él una y otra vez los perdona …

 

Es cierto que en Antiguo Testamento lo vemos descargar su juicio sobre los pecadores, como lo hizo en tiempos de Noé con el diluvio (Génesis 6.17) o sobre Sodoma y Gomorra  (Génesis 13.13 y 19.24-25). Pero encontramos  expresiones  igualmente  duras  en el Nuevo Testamento. El mismo Señor Jesús dice: «El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los que pecan y hacen pecar. Los arrojarán al horno encendido, donde habrá llanto y rechinar de dientes.» (Mateo 13.41-42).

 

Entonces, ¿por qué muchos se hacen la pregunta que estamos respondiendo aquí? Es evidente que hay ciertos sucesos en el Antiguo Testamento que nos cuesta asociar con un Dios que es a la vez justo y amoroso, como por ejemplo los episodios ocurridos en la conquista de la tierra prometida, relatados en el libro de Deuteronomio. La clave está en lo que como su pueblo hemos ido aprendiendo de Dios a medida que su plan se ha desarrollado ante nuestros ojos.

 

En el Antiguo Testamento todavía el mesías no había llegado. Lo hebreos conocían la promesa, pero es obvio por lo que ocurrió con Jesús que no estaban del todo seguros de cómo se iba a manifestar. Eso nos da la pauta de que el Dios que ellos creían conocer les sorprendió mostrándoles una nueva faceta que ellos todavía no habían entendido a pesar de que Dios había sido siempre el mismo.

 

El punto es que Dios tuvo que ir educando a su pueblo en lo que respecta a su identidad, para que ellos pudieran entender lo suficiente sobre quién es Dios y cuáles son sus intenciones, lo cual se hizo mucho más claro en Jesucristo. Hoy, leyendo a quienes (inspirados por el Espíritu Santo) nos escribieron acerca la identidad de Jesús, tenemos mucha más luz sobre quién es exactamente Dios. Jesús mismo nos dijo lo siguiente: «Si ustedes realmente me conocieran, conocerían también a mi Padre. Y ya desde este momento lo conocen y lo han visto.» Juan 14.7

 


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