Mis papás se están separando.

¿Cómo los puedo ayudar?

¿Es pecado el divorcio?

Una separación es siempre un proceso difícil y doloroso. En general, cuando un matrimonio llega a esta situación ya ha transcurrido un largo período durante el cual los miembros de la pareja intentaron resolver los problemas que hacen que les resulte tan difícil. la convivencia. Cuando no logran superar esos conflictos, llega un momento en que deciden que no pueden seguir viviendo juntos y entonces se plantean la separación. Si estás viviendo esta situación en tu familia, sabrás que en este proceso todos sufren.

 

Para estar en condiciones de ayudarlos entonces, debes tener bien en claro que de ninguna manera eres tú responsable de que tus padres se separen. Nada que tú hayas hecho o dejado de hacer fue en modo alguno la causa de esta decisión porque jamás tus acciones deben justificar las de ellos. El que tus padres hayan decidido que no pueden seguir viviendo juntos tiene que ver estrictamente con su relación personal, y es totalmente independiente de tu comportamiento. Es más, probablemente la mayor causa de sufrimiento para ellos en este trance sea pensar en el dolor que su decisión te está causando a ti.

 

Por eso, desde tu lugar de hijo, una de las cosas más importantes que puedes hacer es no permitir que te invada la amargura  ni el resentimiento. De este modo, estarás en condiciones de expresarle a tus padres el amor que sientes por cada uno de ellos, independientemente del dolor que te ha producido la decisión que tomaron. Esto será de gran ayuda para ellos.

 

Trata de comprenderlos si es que a veces están nerviosos o alterados, porque están pasando por un tiempo muy difícil. Riega tu casa con paz. Busca momentos de intimidad para Intentar conversar acerca de lo que sientes. Esto a su vez les dará a ellos la oportunidad de buscar tu comprensión y expresarte cuánto te aman.

 

En este momento tu familia está viviendo un tiempo de tormenta. Quiero recordarte que el Señor Jesús, que es igual ayer, hoy y por los siglos, sigue teniendo el mismo poder que hace 2000 años para calmar las tempestades. Confía en la Palabra: «No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4.6-7). Lleva a Dios en oración toda esto que está pasando en tu familia y pídele que intervenga para traer Su paz, pero sin olvidarte de que también debes darle gracias. Te preguntarás cómo puedes dar gracias por algo en una situación tan penosa, pero por alguna buena razón es que Dios lo pone como condición para poder traer paz a nuestro corazón. No conozco tu caso particular, pero te aseguro que si lo piensas un poco, encontrarás muchas  cosas por las cuales agradecer a Dios, aun en las circunstancias más difíciles. Y créeme, ten paciencia. Aunque te parezca  imposible, con el transcurso del tiempo las cosas se van a ir acomodando y tranquilizando.

 

Por otra parte, aunque la Biblia lo enmarca como una decisión extrema desencadenada por la violencia o la infidelidad, no dice expresamente que el divorcio sea pecado. Cada caso de separación se da en circunstancias diferentes y por diferentes motivos. Dios no solo juzga lo que hacemos sino también los pensamientos y las intenciones del corazón. Si los dos miembros de la pareja son creyentes, deberían buscar la ayuda del Señor para restaurar su relación. Si sólo uno de ellos es creyente, el consejo bíblico claramente está expresado en 1 Corintios 7.12-15, y el creyente debería tenerlo en cuenta.

 

Ciertamente el anhelo expreso de Dios es que las familias se mantengan unidas y que el matrimonio se conserve para toda la vida. Pero Él juzgará en cada caso en particular cómo se ha tomado la decisión y en que forma se lleva a cabo el proceso de la separación. Si es que las motivaciones han sido egoístas o si, por el contrario, se ha buscando la solución procurando el mayor bien de todos. Y aún en una situación de divorcio es posible manejar las relaciones sin dejar de cumplir, por sobre todas las circunstancias, el supremo mandamiento, que es el del amor

 

«Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados.» (1 Pedro 4.8)

 


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