Estudio Nehemias Ley Santuario
    Acerca de las clases

    El Servicio Anual
    PP pg. 368/2 (323.2) – “Una vez al año, en el gran día de la expiación, el sacerdote
    entraba en el lugar santísimo para limpiar el santuario. La obra que se llevaba a
    cabo allí completaba el ciclo anual de ceremonias.”
    PP pg. 364/5 (320.3) – “Ningún ojo mortal excepto el del sumo sacerdote debía
    mirar el interior del lugar santísimo. Solo una vez al año podía entrar allí el sumo
    sacerdote, y eso después de la preparación más cuidadosa y solemne. Temblando,
    entraba para presentarse ante Dios, y el pueblo en reverente silencio esperaba su
    regreso, con los corazones elevados en fervorosa oración para pedir la bendición
    divina. Ante el propiciatorio, el sumo sacerdote hacía expiación por Israel; y en la
    nube de gloria, Dios se encontraba con él. Si su permanencia en dicho sitio duraba
    más del tiempo acostumbrado, el pueblo sentía temor de que, a causa de los pecados
    de ellos o de él mismo, lo hubiera matado la gloria del Señor.”
    Cuando llegaba el 10 de mes séptimo (Levítico 23:27; 16:29), el día de la expiación,
    el israelita debía seguir confiando en la ofrenda—como toda suficiente para
    satisfacer los requerimientos de la Ley de Dios para que su nombre se conserve en
    el Libro de la Vida, aunque sea como una promesa—y el sacrificio—como todo
    suficiente para satisfacer la condenación de la Ley para que sus pecados perdonados
    sean borrados en promesa, y en este día en el trabajo del sumo sacerdote (Levítico
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    16:2), en el lugar de trabajo—el lugar santísimo, y en la misericordia de Dios
    Padre. El israelita debía seguir confiando en el acto del Sumo Sacerdote de quemar
    incienso (Levítico 16:12-13) y en el acto de rociar la sangre sobre el propiciatorio
    (Levítico 16:15-16).
    Tanto el trabajo del sacerdote en el servicio diario terrenal, como el trabajo del
    sumo sacerdote en el servicio anual, eran sólo una representación del Sacerdocio de
    Cristo (Hebreos 7:24). En el Santuario Celestial, Cristo también está haciendo
    Servicio Diario Celestial (Romanos 3:24) para los creyentes vivos (Isaías 38:18-19),
    y Día de Juicio para los que ya han pasado al descanso.
    Si no hubiese habido un traslado de pecados, por medio de la sangre, al santuario,
    no hubiese tenido sentido alguno que hubiera un día de “purificación” del santuario.
    El santuario debía ser purificado de todos los pecados que habían sido transferidos
    al santuario. UNICAMENTE los pecados que habían sido transferidos al santuario
    podían ser expiados o borrados. De igual manera, en la realidad del Santuario
    Celestial, si nuestros pecados HOY no son transferidos al Santuario Celestial en
    virtud de la sangre de Cristo, entonces en el día del JUICIO no serán borrados.
    Es por esto que al cuerno pequeño le conviene una predicación popular con “perdón
    y justificación en la cruz”—porque Satanás no quiere que nuestros pecados sean
    borrados en ocasión del Juicio de Vivos, para que no recibamos la lluvia tardía en
    virtud de la justicia de Cristo y para que no podamos dar el fuerte pregón.
    PP pg. 369/3 (323.5) – “Mediante este servicio anual se enseñaban al pueblo
    importantes verdades acerca de la expiación. En la ofrenda por el pecado que se
    ofrecía durante el año, se había aceptado un sustituto en lugar del pecador; pero la
    sangre de la víctima no había completado expiación por el pecado. No había
    previsto más que un medio en virtud del cual el pecado se transfería al
    santuario. Al ofrecerse la sangre, el pecador reconocía la autoridad de la ley,
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    confesaba la culpa de su transgresión y expresaba su fe en Aquel que había de
    quitar los pecados del mundo; pero no quedaba completamente exonerado de la
    condenación de la ley.
    “El día de la expiación, el sumo sacerdote, llevando una ofrenda por la congregación,
    entraba en el lugar santísimo con la sangre y la rociaba sobre el propiciatorio,
    encima de las tablas de la ley. En esa forma los requerimientos de la ley, que
    exigían la vida del pecador, quedaban satisfechos. Entonces, en su carácter de
    mediador, el sacerdote tomaba los pecados sobre sí mismo, y salía del santuario
    llevando sobre él la carga de las culpas de Israel. A la puerta del tabernáculo ponía
    las manos sobre la cabeza del macho cabrío de Azazel, y confesaba ‘sobre él todas
    las iniquidades de los hijos de Israel, y todas sus rebeliones y todos sus pecados. Así
    los pondrá sobre la cabeza del macho cabrío’. Y cuando el macho cabrío que llevaba
    estos pecados era conducido al desierto, se consideraba que con él se alejaban para
    siempre del pueblo. Este es el servicio definido como ‘figura y sombra de las
    cosas celestiales’ (Hebreos 8:5).”
    Es necesario diariamente congregarnos al Santuario Celestial para poder ser
    perdonados en virtud de la sangre de Cristo, para poder ser justificados en Cristo y
    poder recibir la lluvia temprana, para obtener los dones de Gálatas 5:22, y para que
    el Espíritu Santo cumpla la promesa del nuevo pacto (Hebreos 8:10): y escriba la
    Ley en nuestra mente y corazón, para que así aprendamos a andar con Dios.
    Esta es la verdad presente que el dios de este siglo quiere mantener bajo tierra, a fin
    de desviar al hombre por una vía equivocada de desobediencia—ya sea abierta o
    encubierta.
    2 Corintios 4:4 – “En los cuales el dios de este siglo cegó los entendimientos de los
    incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del evangelio de la gloria de
    Cristo, el cual es la imagen de Dios.”
    La lluvia tardía debe ser dada luego de que los pecados sean borrados (Hechos 3:19)
    y los pecados son borrados UNICAMENTE luego de haber pasado el juicio (Levítico
    16:16).
    Hechos 3:19-20 – “Así que, arrepentíos y convertíos (SERVICIO DIARIO), para que
    sean borrados vuestros pecados (DIA DE JUICIO); pues que vendrán los tiempos de
    refrigerio de la presencia del Señor (LLUVIA TARDIA a los que pasaron el juicio). Y
    enviará a Jesucristo, que os fue antes anunciado (LOS QUE RECIBIERON LLUVIA
    TARDIA – APROBADOS EN EL JUICIO – ESTAN PREPARADOS PARA LA SEGUNDA
    VENIDA).”
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    Entonces, HOY debemos pedir por la lluvia temprana que nos preparará para el
    JUICIO DE VIVOS que antecede a la segunda venida de Cristo. Y debemos recibir el
    bautismo diario del Espíritu Santo para poder andar en el camino de la santificación
    verdadera, como resultado de haber sido justificados diariamente en virtud de la
    obediencia perfecta y perpetua de Cristo.
    El ritual simbólico enseña claramente que en el Día del Juicio, el israelita no confiaba
    en su propia obediencia, sino que seguía confiando en lo que confió desde un
    principio: el incienso—la justicia de Cristo, y la sangre del sacrificio—la sangre
    derramada en la cruz. Y así como en virtud de la justicia de Cristo se nos otorga
    diariamente la lluvia temprana, cuando comience el Juicio de Vivos, los que salgan
    aprobados en virtud de la justicia de Cristo recibirán la lluvia tardía para poder dar
    el fuerte pregón hasta el fin del tiempo de gracia para el mundo entero.
    TM pg. 506.2 – “Pero a menos que haya caído la lluvia temprana, no habrá vida;
    la hoja verde no aparecerá. A menos que las primeras precipitaciones hayan
    hecho su obra, la lluvia tardía no podrá perfeccionar ninguna semilla.”
    Es completamente inútil pues, pretender orar hoy por la lluvia tardía, si no hemos
    recibido nunca la lluvia tardía, y ni siquiera comprendemos cómo se recibe la lluvia
    temprana y tardía. Al orar ignorantemente por la lluvia tardía estarías pidiendo que
    ya de una vez Dios tome nuestro caso y, al estar desprovistos de la justicia de Cristo,
    seamos hallados faltos. En otras palabras: estaríamos pidiendo la muerte segunda.
    TM pg. 507.1 – “Muchos, en gran medida, han dejado de recibir la lluvia
    temprana. No han obtenido todos los beneficios que Dios ha provisto para ellos por
    medio de ella. Esperan que la deficiencia sea suplida por la lluvia tardía.”
    PP pg. 371/3 (325.2) – “Después de su ascensión, nuestro Salvador iba a dar
    comienzo a su obra como nuestro Sumo Sacerdote. El apóstol Pablo dice: ‘No entró
    Cristo en el santuario hecho por los hombres, figura del verdadero, sino en el cielo
    mismo, para presentarse ahora por nosotros ante Dios’ (Hebreos 9:24). Como el
    ministerio de Cristo iba a consistir en dos grandes divisiones, ocupando cada una un
    período de tiempo y teniendo un sitio distinto en el santuario celestial, asimismo el
    culto simbólico consistía en el servicio diario y el anual, y a cada uno de ellos se
    dedicaba una sección del tabernáculo.
    “Como Cristo, después de su ascensión, compareció ante la presencia de Dios para
    ofrecer su sangre en beneficio de los creyentes arrepentidos, así el sacerdote
    rociaba en el servicio diario la sangre del sacrificio en el lugar santo en favor de los
    pecadores.
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    “Aunque la sangre de Cristo habría de librar al pecador arrepentido de la
    condenación de la ley, no anulaba el pecado; este queda registrado en el
    santuario hasta la expiación final; así en el símbolo, la sangre de la víctima
    quitaba el pecado del arrepentido, pero quedaba en el santuario hasta el día de la
    expiación.
    “En el gran día del juicio final, los muertos han de ser juzgados ‘por las cosas que’
    están ‘escritas en los libros, según sus obras’ (Apocalipsis 20:12). Entonces por el
    poder de la sangre expiatoria de Cristo, los pecados de todos los que se hayan
    arrepentido sinceramente serán borrados de los libros celestiales. En esta forma el
    santuario será liberado, o limpiado, de los registros del pecado. En el símbolo, esta
    gran obra de expiación, o el acto de borrar los pecados, estaba representada por los
    servicios del día de la expiación, o sea de la purificación del santuario terrenal, la
    cual se realizaba en virtud de la sangre de la víctima y por la eliminación de los
    pecados que lo manchaban.
    “Así como en la expiación final los pecados de los arrepentidos han de borrarse de
    los registros celestiales, para no ser ya recordados, en el símbolo terrenal eran
    enviados al desierto y separados para siempre de la congregación.
    “Puesto que Satanás es el
    originador del pecado, el
    instigador directo de todos los
    pecados que causaron la
    muerte del Hijo de Dios, la
    justicia exige que Satanás sufra
    el castigo final. La obra de
    Cristo en favor de la redención
    del hombre y la purificación del
    pecado del universo, será
    concluida cuando se saque el
    pecado del santuario celestial y
    sea colocado sobre Satanás,
    quien sufrirá el castigo final. Así en el servicio simbólico, el ciclo anual del ministerio
    se completaba con la purificación del santuario y la confesión de los pecados sobre
    la cabeza del macho cabrío de Azazel.
    “De este modo, en el servicio del tabernáculo, y en el del templo que posteriormente
    ocupó su lugar, se enseñaban diariamente al pueblo las grandes verdades relativas a
    la muerte y al ministerio de Cristo, y una vez al año sus pensamientos eran llevados
    hacia los acontecimientos finales de la gran controversia entre Cristo y Satanás, y
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    hacia la purificación final del universo, que lo limpiará del pecado y de los
    pecadores.”
    Conclusión
    PP pg. 383/2 (337.4) – “La ley ceremonial fue dada por Cristo. Aun después de ser
    abolida, Pablo la presentó a los judíos en su verdadero marco y valor, mostrando
    el lugar que ocupaba en el plan de la redención, así como su relación con la obra
    de Cristo; y el gran apóstol declara que esta ley es gloriosa, digna de su divino
    Originador.
    “El solemne servicio del santuario representaba las grandes verdades que
    iban a ser reveladas a través de las siguientes generaciones. La nube de
    incienso que ascendía con las oraciones de Israel representaba su justicia, que es lo
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    único que puede hacer aceptable ante Dios la oración del pecador; la víctima
    sangrante en el altar del sacrificio daba testimonio del Redentor que había de venir;
    y el lugar santísimo irradiaba la señal visible de la presencia divina. Así, a través de
    siglos y siglos de tinieblas y apostasía, la fe se mantuvo viva en los corazones
    humanos hasta que llegó el tiempo del advenimiento del Mesías prometido.”
    La ley ceremonial, y en especial el solemne servicio del santuario, sirven para
    revelar a los hombres las grandes verdades que debemos aprender para poder ser
    salvos y poder ser beneficiados por el plan de redención trazado por Dios. El
    servicio del santuario terrenal revela al hombre cómo es justificado, cómo es
    perdonado, y cómo puede recibir al Espíritu Santo. El servicio del santuario revela la
    vigencia de los Diez Mandamientos, y la importancia del trabajador y de su lugar de
    trabajo, es decir: la importancia de la Ley, del Evangelio, del Ministerio Sacerdotal
    Celestial de Cristo y del Santuario Celestial.
    El ritual simbólico nos enseña que, así como el israelita era justificado diariamente
    en base a una justicia fuera de sí mismo, gracias al trabajo de otro hombre y en un
    lugar específico, nosotros hoy debemos ser justificados diariamente en base a una
    justicia ajena a nosotros—la justicia de Cristo—y gracias al trabajo de Cristo como
    Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial, y gracias a la misericordia de Dios Padre
    que acepta al inaceptable en Cristo Señor nuestro.
    Además el israelita era perdonado en base a una muerte sustitutiva diariamente, y
    gracias al trabajo de otro hombre y en un lugar específico. Esto también nos enseña
    que hoy somos perdonados diariamente en virtud de la sangre de Cristo que fue
    derramada en la cruz. Diariamente debemos confesar nuestros pecados para que
    estos puedan ser transferidos al Santuario Celestial y para que puedan ser expiados
    o borrados en el Juicio.
    Diariamente, y en virtud de la justicia de Cristo, debemos pedir por el bautismo
    del Espíritu Santo bajo la forma de la lluvia temprana. El Consolador debe venir a
    habitar en nosotros para escribir la Ley en nuestras mentes y nuestros corazones, y
    debe sembrar los dones sobrenaturales de Gálatas 5:22-23. Capacitados con el
    poder divino debemos ejercer nuestro esfuerzo humano para poder andar en el
    camino de la santificación verdadera como un resultado de la justificación en Cristo.
    En ocasión del Juicio debemos seguir confiando en lo mismo: la justicia de Cristo
    para que nuestros nombres sean conservados en el Libro de la Vida, y la sangre de
    Cristo para que nuestros pecados previamente perdonados puedan ser borrados de
    nuestros registros de malas obras y transferidos a la cuenta de Satanás. También en
    virtud de la justicia de Cristo se nos concederá la lluvia tardía para que con este
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    poder podamos dar el fuerte pregón mientras dure el Juicio de Vivos hasta que
    Cristo termine su obra en el Santuario Celestial (Apocalipsis 22:11).
    PP pg. 385/3 (339.3) – “Dios llamó a Israel, lo bendijo y lo exaltó, no para que
    mediante la obediencia a su ley recibiera él solo su favor y fuera beneficiario
    exclusivo de sus bendiciones; sino para revelarse por medio de él a todos los
    habitantes de la tierra. Para poder alcanzar este propósito, Dios le ordenó que fuera
    diferente de las naciones idólatras que lo rodeaban.
    “La idolatría y todos los pecados que la acompañaban eran abominables para Dios, y
    ordenó a su pueblo que no se mezclara con las otras naciones, ni hiciera ‘como ellos
    hacen’ (Éxodo 23:24), para que no se olvidaran de Dios. Les prohibió el matrimonio
    con los idólatras, para que sus corazones no se apartaran de él… Debían mantenerse
    libres del espíritu mundano, porque este se opone a la verdad y la justicia. Pero Dios
    no quería que su pueblo, creyendo tener la exclusividad de la justicia, se apartara
    del mundo al punto de no poder ejercer influencia alguna sobre él.
    “Como su Maestro, los seguidores de Cristo debían ser en todas las edades la luz del
    mundo. El Salvador dijo: ‘Una ciudad asentada sobre un monte no se puede
    esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de una vasija, sino sobre el
    candelero para que alumbre a todos los que están en casa’, es decir, el mundo. Y
    agrega: ‘Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
    buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos’ (Mateo 5:14-16).
    Esto es exactamente lo que hicieron Enoc, Noé, Abraham, José y Moisés. Y es
    precisamente lo que Dios quería que hiciera su pueblo Israel.
    “Fue su propio corazón malo e incrédulo, dominado por Satanás, lo que los llevó a
    ocultar su luz en vez de irradiarla sobre los pueblos circunvecinos; fue ese mismo
    espíritu fanático lo que los hizo seguir las prácticas inicuas de los paganos, o
    encerrarse en un orgulloso exclusivismo, como si el amor y el cuidado de Dios
    fueran únicamente para ellos.”
    DMJ pg. 45.2 – “Fue el Creador de los hombres, el Dador de la ley, quien declaró que
    no albergaba el propósito de anular sus preceptos. Todo en la naturaleza, desde la
    diminuta partícula que baila en un rayo de sol hasta los astros en los cielos, está
    sometido a leyes. De la obediencia a estas leyes dependen el orden y la armonía del
    mundo natural. Es decir que grandes principios de justicia gobiernan la vida de
    todos los seres inteligentes, y de la conformidad a estos principios depende el
    bienestar del universo. Antes que se creara la tierra existía la ley de Dios. Los
    ángeles se rigen por sus principios y, para que este mundo esté en armonía con el
    cielo, el hombre también debe obedecer los estatutos divinos. Cristo dio a conocer al
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    hombre en el Edén los preceptos de la ley, ‘cuando alababan todas las estrellas
    del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios’ (Job 38:7). La misión de Cristo en la
    tierra no fue abrogar la ley, sino hacer volver a los hombres por su gracia a la
    obediencia de sus preceptos.
    “El discípulo amado, que escuchó las palabras de Jesús en el monte, al escribir
    mucho tiempo después, bajo la inspiración del Espíritu Santo, se refirió a la ley como
    a una norma de vigencia perpetua. Dice que ‘el pecado es infracción de la ley’, y que
    ‘todo aquel que comete pecado, infringe también la ley’ (1 Juan 3:4). Expresa
    claramente que la ley a la cual se refiere es ‘el mandamiento antiguo que habéis
    tenido desde el principio’ (1 Juan 2:7). Habla de la ley que existía en la creación y
    que se reiteró en el Sinaí.
    “Al hablar de la ley, dijo Jesús: ‘No he venido para abrogar, sino para cumplir’. Aquí
    usó la palabra ‘cumplir’ en el mismo sentido que cuando declaró a Juan el Bautista
    su propósito de ‘cumplir toda justicia’ (Mateo 3:15), es decir, llenar la medida de lo
    requerido por la ley, dar un ejemplo de conformidad perfecta con la voluntad de
    Dios.
    “Su misión era ‘magnificar la ley y engrandecerla’ (Isaías 42:21). Debía enseñar la
    espiritualidad de la ley, presentar sus principios de vasto alcance y explicar
    claramente su vigencia perpetua. La belleza divina del carácter de Cristo, de
    quien los hombres más nobles y más amables son tan sólo un pálido reflejo; de
    quien escribió Salomón, por el Espíritu de inspiración, que es el ‘señalado entre diez
    mil… y todo él codiciable’ (Cantares 5:10-16); de quien David, viéndolo en visión
    profética, dijo: ‘Más hermoso eres que los hijos de los hombres’ (Salmos 45:2); Jesús,
    la imagen de la persona del Padre, el esplendor de su gloria; el que fue abnegado
    Redentor en toda su peregrinación de amor en el mundo, era una representación
    viva del carácter de la ley de Dios. En su vida se manifestó el hecho de que el amor
    nacido en el cielo, los principios fundamentales de Cristo, sirven de base a las leyes
    de rectitud eterna.”
    DMJ pg. 47.1 – “Dado que la ley del Señor es perfecta y, por lo tanto, inmutable, es
    imposible que los hombres pecaminosos satisfagan por sí mismos la medida
    de lo que requiere. Por eso vino Jesús como nuestro Redentor. Era su misión, al
    hacer a los hombres participes de la naturaleza divina, ponerlos en armonía con los
    principios de la ley del cielo. Cuando renunciamos a nuestros pecados y recibimos a
    Cristo como nuestro Salvador, la ley es ensalzada. Pregunta el apóstol Pablo: ‘¿Luego
    por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley’
    (Romanos 3:31).
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    “La promesa del nuevo pacto es: ‘Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus
    mentes las escribiré’ (Hebreos 10:16). Mientras que con la muerte de Cristo iba a
    desaparecer el sistema de los símbolos que señalaban a Cristo como Cordero
    de Dios que iba a quitar el pecado del mundo, los principios de justicia
    expuestos en el Decálogo son tan inmutables como el trono eterno. No se ha
    suprimido un mandamiento, ni una jota o un tilde se ha cambiado. Estos principios
    que se comunicaron a los hombres en el paraíso como la ley suprema de la vida
    existirán sin sombra de cambio en el paraíso restaurado. Cuando el Edén vuelva a
    florecer en la tierra, la ley de amor dada por Dios será obedecida por todos debajo
    del sol.”
    En la cruz quedó clavada la ley ceremonial, con sus fiestas y sábados ceremoniales.
    Pero el Decálogo permanece eterno e inmutable, como norma de juicio y de
    conducta para siempre. Pero, debido a nuestra condición incapaz de amar y de
    obedecer, y debido a nuestra naturaleza pecaminosa, no podemos obedecer una Ley
    que en realidad odiamos. Es necesario que los principios del amor sean implantados
    en nosotros para que por nuestro esfuerzo humanos podamos desarrollarlos. Es
    necesario que un Sustituto haya vivido una vida que no hemos vivido, y experimente
    una muerte que no hemos experimentado. Es necesario que un Mediador intervenga
    para poder interceder por nosotros. Y ese Mediador debe presentarse por nosotros,
    con su vida y con su sangre, diariamente para que diariamente podamos recibir los
    dones de su gracia.
    2JT pg. 340.1 – “Las opiniones deficientes que tantos han sostenido acerca del
    exaltado carácter y oficio de Cristo han estrechado su experiencia religiosa y han
    impedido grandemente su progreso en la vida divina. La religión personal está en
    un nivel muy bajo entre nosotros como pueblo. Hay mucha forma, mucha
    maquinaria, mucha religión de la lengua; pero algo más profundo y sólido
    debe penetrar en nuestra experiencia religiosa. Con todas nuestras facilidades,
    nuestras casas editoras, colegios, sanatorios y muchísimas otras ventajas,
    debiéramos estar mucho más adelantados.
    “Por los méritos de Cristo, por su justicia que nos es imputada por la fe,
    debemos alcanzar la perfección del carácter cristiano. Se presenta nuestra obra
    diaria y de cada hora en las palabras del apóstol: ‘Puestos los ojos en el autor y
    consumador de la fe, en Jesús’ (Hebreos 12:2). Mientras hagamos esto, nuestro
    intelecto se esclarecerá, nuestra fe se fortalecerá y se confirmará nuestra esperanza;
    nos embargará de tal manera la visión de su pureza y hermosura, y el sacrificio que
    ha hecho para ponernos de acuerdo con Dios, que no tendremos disposición para
    hablar de dudas y desalientos.”
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    Es por la fe que se engendra la vida espiritual, pues primeramente debemos ser
    justificados en virtud de la justicia de Cristo, para que podamos recibir la lluvia
    temprana que nos capacitará para aprender a amar y a obedecer la Ley que
    naturalmente odiamos y somos totalmente incapaces, por nosotros mismos, de
    obedecer.
    DTG pg. 73.2 – “El nacimiento del hijo de Zacarías, como el del hijo de Abrahán y
    el de María, había de enseñar una gran verdad espiritual, una verdad que somos
    tardos en aprender y propensos a olvidar. Por nosotros mismos somos incapaces
    de hacer bien; pero lo que nosotros no podemos hacer será hecho por el poder de
    Dios en toda alma Sumisa y creyente. Fue mediante la fe como fue dado el hijo de la
    promesa. Es por la fe como se engendra la vida espiritual, y somos capacitados
    para hacer las obras de justicia.”
    Amén. Que Dios los bendiga.

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