Discipulado Primeros Pasos/ Un modelo a seguir
Acerca de las clases

La Santidad

La santidad es una de las características básicas de Dios, n lo que se refiere a él, la palabra denota pureza y perfección absoluta, Sólo Dios es santo en sí mismo. Cuando la palabra se aplica a personas u objetos hace referencia a lo que ha sido separado o puesto aparte para Dios. Para los hebreos del antiguo testamento, la santidad incluía tanto el concepto negativo de la “separación” como el concepto positivo de la “dedicación.” Para los cristianos que han nacido de nuevo, significa específicamente la separación del pecado y del mundo, y la dedicación a Dios. Puesto que hemos recibido del Espíritu Santo de Dios, hemos recibido poder sobre el pecado, la enfermedad, y el diablo (Marcos 16:15-18) Este poder sobre el pecado nos permite llegar a ser testigos de que verdaderamente hemos nacido de nuevo, (Hechos 1:8). Podemos decir, “Dios me ha salvado del pecado. Él me ha sacado del pecado.”
La santidad es esencial para la salvación
Hebreos 12:14 es tan fuerte, tan cierto, y tan pertinente a la salvación como las palabras, “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al
Señor…” Hebreos 12:14 (Reina-Valera, 1960) Respondió Jesús y le dijo:
De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que
no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
Juan 3:3,5 (Reina-Valera, 1960)
Después de la experiencia del nuevo nacimiento, un conflicto surge entre la carne y el espíritu Esta batalla es una batalla para la santidad y debemos ganarla a fin de ser salvos. La necesidad de la separación.
Dios es santo y demanda que su pueblo sea santo, como él. (1a Pedro 1:1516) Comenzando con el pecado de Adán y Eva, el pecado del hombre lo ha separado de un Dios santo. La única manera para restaurar la comunión original entre el hombre y Dios es que el hombre se separe del pecado.


La decisión es o la separación de Dios o la separación del pecado. Hay solamente dos familias no más: la familia de Dios y la familia de Satanás, quien es el dios de este sistema mundial, (1a Juan 3:10; 2aCorintios 4:4). No hay terreno neutro. Estas dos familias son distintas y separadas. Una es una familia santa, un sacerdocio santo (1a Pedro 2:9) La otra es una familia profana. La llamada a la separación de este mundo profano es clara y explícita. “Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré” 2a Corintios 6:17 (Reina-Valera, 1960)

Un sacrificio vivo
“ Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que
presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.2 No os conforméis a este siglo, sino
transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
“Romanos 12:1-2 (Reina-Valera, 1960)
Esta escritura da más significado a las ideas de la santidad, y de la separación. La santidad incluye un sacrificio de nuestros deseos y voluntades. Debemos presentarnos a nosotros mismos en una manera que es aceptable a Dios. Simplemente es nuestro deber razonable hacerlo. Esto significa que deberíamos estar dispuestos a hacer cualquier cosa para que seamos aceptables a Dios, sin considerar el sacrificio. Debemos ser santos y separados a fin de ser aceptables La santidad es impartida por el Espíritu Santo.
Solamente por medio de la ayuda divina puede el hombre llegar a ser santo. La santificación (la separación) comienza cuando uno oye el evangelio, y continúa mediante la fe, el arrepentimiento, y el bautismo en agua en el nombre de Jesús; pero se realiza principalmente por medio del Espíritu Santo, que nos llena y mora en nosotros (1aPedro 1:2) En estos tiempos, las leyes de Dios no son escritas en tablas de piedra; Sin embargo, esto no significa que Dios no tiene ningunas leyes; porque Él tenía leyes aún en el Huerto de Edén.


Lo que sí significa es que hoy Dios escoge escribir Sus leyes en nuestros corazones mediante la fe por el Espíritu Santo, (Jeremías 31:33, Hebreos 10:15-17). Por lo tanto, todas las personas que están llenas del Espíritu Santo y que permiten que el Espíritu les guíe, tienen las leyes de Dios escritas en sus corazones. Esto significa que podemos ser guiados por una conciencia, y por las impresiones y convicciones del Espíritu Santo. Tenemos una base fundamental de la santidad morando en nosotros.
La santidad es enseñada directamente por el Espíritu Santo en nosotros.
De lo que acabamos de decir, esto es evidente y es apoyado por Jesús mismo. “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en
mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” Juan 14:26 (Reina-Valera, 1960)
La santidad es enseñada por pastores y maestros llenos del Espíritu Santo.
¿Qué significa? En 1 a Juan 2:27, Juan dice, “Pero la unción que vosotros
recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que
nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y
es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.” 1 a Juan 2:27 (Reina-Valera, 1960)
Esta escritura simplemente habla de la santidad básica que mora en todos los que han recibido el Espíritu Santo. No significa que no es necesario ser enseñado por un maestro lleno del Espíritu Santo y llamado por Dios. Según (Efesios 4:11-12) un maestro es una dádiva de Dios, a fin de perfeccionar a los santos. La lucha para la perfección abarca todo lo que significa la santidad, y Dios nos ha dado el ministerio de los pastores y maestros para ayudar que los santos triunfen en aquella lucha.

La santidad es enseñada por la Biblia.

La Biblia no trata de dar respuestas específicas, a las situaciones incontables que un individuo puede encarar. Con este fin Dios nos ha dado el Espíritu Santo y el ministerio. La Biblia sí da directivas básicas que se aplican a hombres y a mujeres de todas las culturas, edades, y situaciones. La Biblia nos declara lo que a Dios le gusta y lo que no le gusta. Nos declara las prácticas y las actitudes que Dios no acepta, y las que espera de su pueblo.

La santidad es un asunto individual.

Filipenses 2:12 dice “por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora
en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor,” Filipenses 2:12 (Reina-Valera, 1960) Esto no permite, que cada individuo crea sus propias reglas para ser salvo, pero significa que cada uno debe efectuar o realizar su salvación propia con temor y respeto. En otras palabras, últimamente la salvación es la responsabilidad propia del individuo. Después de recibir la experiencia del nuevo nacimiento, cada individuo tiene que persevere hasta el fin de la carrera. Él debe quedarse con lo que Dios le ha dado.
(Hebreos 3:14).

Fe

La fe es un concepto muchas veces atacado por intelectuales y sobrestimado por personas religiosas alrededor del mundo. Es por tanto conveniente tratar de comprender más acerca de ella y evitar cuando la utilicemos, que nuestra fe sea referida como “fe ciega.” Según el diccionario, fe es la creencia confiable en la verdad, la validez o seriedad de una persona, idea o cosa.
Según la Biblia: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la
convicción de lo que no se ve” Hebreos 11:1 (Reina-Valera, 1960)

En muchas situaciones no tenemos control, de los eventos futuros; sin embargo tenemos que tomar decisiones y actuar como si supiéramos lo que va a ocurrir. La mayoría de la gente que vuela en un avión, desconoce si cada uno de los elementos que permiten su correcto funcionamiento está en perfectas condiciones, sin embargo confía, tiene fe, en que el equipo mecánico de la empresa aérea realizó correctamente su tarea de mantenimiento y revisión y actúa en consecuencia: haciendo planes sobre lo que va a realizar luego de un aterrizaje normal. Sin fe, nos paralizaríamos.
Ahora bien, la fe no es una esperanza supersticiosa, la fe es la confianza derivada de la verdad, o al menos, de nuestro entendimiento de las verdades que gobiernan la vida, tanto en el pasado, como en el presente y en el futuro. En este sentido, la fe es individual. Nadie puede tener fe por otro, o transferirle fe embotellada.

Finalmente, la fe debe reflejarse en nuestro carácter. La confianza en Dios, en nuestra familia, en nuestros compañeros de trabajo, nos permitirá concentrarnos en nuestras propias responsabilidades, sin preocuparnos desmedidamente en cuestiones fuera de nuestro control, aun cuando de momento los resultados nos sean adversos. Debemos tener siempre presente, que un buen carácter, con su dosis de fe incluida, produce frutos a su debido tiempo. Y por supuesto, jamás olvidar la fuente de la fe: “Así que la fe es por
el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” Romanos 10:17 (Reina-Valera, 1960)

Testimonio

Una base para el testimonio cristiano
• Para los cristianos es un privilegio y una alegría dar razón de la esperanza que está en ellos y hacerlo con “mansedumbre y reverencia”
(1Pedro 3:15) • Jesucristo es el testigo supremo (Juan 18:37). Dar testimonio cristiano es siempre compartir su testimonio, que adopta la forma de proclamación del Reino, de servicio al prójimo.

• De mismo modo que el Padre envió a su Hijo en el poder del Espíritu Santo, los creyentes son enviados en misión para dar testimonio, en palabra y obra del amor del Dios.

• El ejemplo y la enseñanza de Jesucristo y de la Iglesia primitiva tienen que guiar la misión cristiana. Durante dos milenios los cristianos han tratado de actuar conforme a Cristo, dando buenas nuevas del Reino de Dios (Lucas 4:16-20).

El testimonio cristiano en un mundo plural, incluye el compromiso de entablar el diálogo con creyentes de religiones y culturas diferentes,
(Hechos 17:22-28). • En algunos contextos, vivir y proclamar el evangelio es difícil, tropieza con muchos obstáculos y hasta puede estar prohibido; Sin embargo los cristianos han recibido el mandamiento de Cristo, de continuar fielmente su testimonio de él, en solidaridad unos con otros. (Mateo 28:19-20),
(Marcos 16:14-18), (Lucas 24:44-48), (Juan 20:21), (Hechos 1:8). • Si los cristianos, utilizan métodos inadecuados para ejercer su misión, recurriendo a la coacción o a engaños, están traicionando el Evangelio y pueden causar sufrimiento a otros. Por esas desviaciones estamos llamados al arrepentimiento y nos recuerdan la necesidad de la gracia sin fin de Dios (Romanos 3:23).

• Los cristianos afirman su responsabilidad de dar testimonio de Cristo, pero saben que la conversión es en última instancia, obra del Espíritu Santo (Juan 16:7-9) (Hechos 10:44-47). Reconocen que el Espíritu Santo, sopla donde quiere en formas que ningún ser humano puede controlar. (Juan 3:8)

Renuncia

Lucas 18:18-30 (Reina-Valera, 1960)
“Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.20 Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.21 Él dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.22 Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.23 Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.24 Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: !!Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!25 Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.26 Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?27 Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.28 Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido.29 Y él les dijo: De cierto os digo,
que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios,30 que no haya de recibir mucho más en este
tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.”


La palabra de Dios nos enseña a que tenemos que renunciar a todo lo que nos aleja de la gracia de Jesucristo, al mundo que nos daba todo tipo de satisfacciones en la carne, para dedicarnos a Cristo y así a cumplir su mandato de seguirle. La recompensa será grande en los cielos, lamentablemente este principio del evangelio de Cristo no es muy practicado, por esta causa hay muchos que son convencidos y no convertidos, es necesario nacer de nuevo. Espero que tú nazcas de nuevo en la fe por cristo y vivamos juntamente con él en su reino, ya sea que seamos arrebatados a los cielos o muramos en cristo.

Humildad
La Biblia muchas veces contrasta el orgullo con la humildad. Notemos algunos de sus contrastes:
“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Santiago 4.6 (Reina-Valera, 1960)
“Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.” Lucas 14.11 (Reina-Valera, 1960)
“La soberbia del hombre le abate; pero al humilde de espíritu sustenta la honra” Proverbios 29.23 (Reina-Valera, 1960)
“Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios” Proverbios 16.19 (Reina-Valera, 1960)
“Jehová asolará la casa de los soberbios;
Pero afirmará la heredad de la viuda.” Proverbios 15.25 (Reina-Valera, 1960)
“Pero los mansos heredarán la tierra; y se recrearán con abundancia de paz” Salmo 37.11 (Reina-Valera, 1960)
“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” Proverbios 16.18 (Reina-Valera, 1960) “Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.” Mateo 18.4 (Reina-Valera, 1960) “Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma sehubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy Mateo 11:23 (Reina-Valera, 1960)
“Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” Santiago 4:10 (Reina Valera, 1960)

Otro contraste entre el orgullo (considerarse uno superior a los demás) y la humildad (reconocer uno que es indigno) se presenta en Lucas 18: 9-14 El fariseo que se exaltó a sí mismo no logró favor de Dios, mientras que el publicano quien confesó ser pecador alcanzó misericordia. Dios siempre condena el orgullo, mas siempre aprueba la humildad.
• Dios así lo ordena en su palabra: Dios manda que los santos se humillen “bajo la poderosa mano de Dios” (1 a Pedro 5.6), que se vistan de humildad (Colosenses 3.12), que se revistan de humildad (1 a Pedro 5:5) y que anden con toda humildad (Efesios 4.1–2).

• Dios se satisface con la humildad y la bendice: Lea (Proverbios 16: 19) (Mateo 5:3-5.) Dios da gracia a los que son humildes (Santiago 4:6) Los que poseen la humildad son los mayores en el reino de Dios. “Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor a Jehová” Proverbios 22:4 (Reina-Valera, 1960)
• La humildad es la precursora de la exaltación verdadera: ¿Ha notado usted que la Biblia con frecuencia habla de la exaltación junto con la humildad? Sin embargo, no debemos tratar de humillarnos con la esperanza de ser exaltados. Es importante saber que la senda del orgullo siempre lleva al desastre, mientras que la senda de la humildad siempre lleva a la exaltación. Pero no debemos preocuparnos de cuándo y cómo seremos exaltados. Dios se encargará de todo eso. Lo que nos toca a nosotros es seguir en la humildad, confiar en Dios, obedecer su palabra, mantenernos al pie de la cruz y recordar que las promesas de Dios a los humildes son seguras.

• Dios escucha las oraciones de los humildes: “Porque el que demanda la sangre se acordó de ellos; No se olvidó del clamor de los afligidos.” Salmo 9: 12 (Reina-Valera, 1960) Los ninivitas se vistieron de cilicio y ceniza ante Dios. Ezequías se humilló ante Dios y oró que fuera librado del poder de Senaquerib. El publicano rogó a Dios por misericordia. Todos estos acudieron a Dios en humildad, y él oyó sus oraciones.
A nuestro Dios Todopoderoso le place contestar las oraciones de los mansos y humildes que vienen a él con súplicas y oraciones.
¡Amen!

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