CURSO SOBRE EL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS
Acerca de las clases

¡TE DOY LA BIENVENIDA A ESTE NUEVO CURSO!
En él vamos a ir leyendo y reflexionando el Evangelio según san Marcos.
¿Con qué objetivo? Para tener un encuentro nuevo, cercano, personal, con Jesús.
No se trata de un curso para eruditos o especialistas, sino para personas comunes, como tú y como
yo, que quieren conocer a Jesús o, si ya lo conocen, conocerlo más.
Hay una pregunta que se plantea en este Evangelio, y que se va a ir respondiendo a lo largo de sus
páginas, referida a Jesús: “¿Quién es éste?”, es decir, ¿quién es Jesús?
Y conviene planteárnosla nosotros desde el principio.
¿Quién es Jesús para ti?
Tómate un momento para reflexionarlo y responde con toda honestidad.
Tal vez es un desconocido; o un amigo de tu infancia, de cuando hiciste la Primera Comunión, del
que te fuiste apartando sin saber por qué; o alguien que te da miedo, porque temes que te pida lo
que no le quieres dar; o un juez; o un vengador; o un castigador; o un Dios lejano que no se ocupa
de ti; o un conocido al que vas a ver por compromiso una vez a la semana; o un milagrero, un
curandero…
Una catequista decía a sus alumnos: ‘Dios está en todas partes, a dondequiera que vayamos Él está.
No tiene cuerpo, es esp…’ Ella esperaba que dijeran: ‘Espíritu’, pero un niño dijo: ‘¡espía!’.
Eso piensa muchas personas, que Dios se dedica a espiar todo lo que hacen y no se le va una, y al
final, nos va a hacer pagar por todos y cada uno de nuestros errores.
O tal vez, ojalá, lo consideras tu Señor, tu Amigo, tu Amado.
Decía el escritor inglés C.S.Lewis, que él se convirtió al cristianismo cuando leyó en el Evangelio
según san Juan que Jesús decía de Sí mismo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6), y
pensó: ‘¡nadie en toda la historia se ha atrevido a decir algo así!, ¡este hombre o estaba loco, o era
un mentiroso, o es Dios! Entonces se puso a estudiar los textos bíblicos y concluyó que Jesús no
estaba loco, que era perfectamente consciente de Su realidad, y cuanto decía no sólo era coherente,
sino que armonizaba perfectamente con todo lo contenido en la Sagrada Escritura. Concluyó
también que no era mentiroso, pues nadie daría su vida por una mentira, ni Sus seguidores
tampoco. Así que no quedaba más que reconocer que Jesús era, es Dios. Y eso volvía
absolutamente imperativo conocerlo, pues es Quien nos creó, quien nos acompaña toda la vida y
con Quien nos encontraremos al morir. Así que no hay nada más importante en el mundo que
conocerlo.

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