Angelología: La Doctrina de Ángeles y Demonios
Acerca de las clases

El Escudo de la Fe
“…Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del
maligno…”

Efesios 6:16 (NVI)
os escudos usados por los soldados del ejército romano eran muy grandes, como de cuatro pies de largo y
dos de ancho, y servían para proteger a los soldados de las armas más temidas en esa época. William
Barclay lo explica muy bien: “Uno de los más peligrosos instrumentos de guerra en la antigüedad, eran
los dardos de fuego. Tenían la punta terminada en estopa humedecida con brea (resina de pino). La estopa humedecida
era encendida antes de arrojar la flecha encendida. El enorme escudo de forma oblonga, estaba hecho de dos piezas de
madera pegadas. Cuando el escudo paraba la flecha, ésta se hundía en la madera y la llama se apagaba”. Está
claro que la fe es la confianza sencilla y firme que tenemos en Dios. La NVI dice que “La fe es la garantía de los que se
espera, la certeza de lo que no se ve” (Hebreos 11:1, NVI) y cuando es así podemos ser capaces de resistir todas las
acusaciones, tentaciones, engaños y trucos del diablo. Sin embargo, la fe debe alimentarse y la única forma es a través del
estudio de la palabra de Dios: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”, (Romanos 10:17). La fe en la
palabra del Señor extingue las llamas que amenazan incendiarnos en lascivia, ira, malicia o deseos ilícitos. Cuando
ponemos nuestra confianza en sus promesas, se destruye el poder de la tentación. Martín Lutero, un monje agustino
devoto subía las escaleras de Pilato en Roma sobre sus manos y rodillas, repitiendo la oración el Padre Nuestro en cada
uno de los 28 peldaños. Oraba por la salvación del alma de su abuelo, pero al llegar arriba se preguntó a sí mismo,
“¿quién sabe si así sea?”. Ocho años después, en una reunión de agustinos, Lutero alegaba: “No es justo el que hace
mucho, sino aquel, que sin hacer nada, cree mucho en Cristo”. La fe de algunos cristianos se basa en superstición que
conduce al temor; autodisciplina que conduce al desánimo y lo que otros le dicen. Esto conduce a un yugo amargo. Pero
la fe en la gracia de Dios y su disposición a perdonar pecados trae optimismo, gratitud y un estilo de vida positivo.
El Casco de la Salvación
“… Tomen el casco de la salvación…”

Efesios 6:17 (NVI)
a quinta pieza de la armadura, el casco, protegía el cráneo y el cerebro. Es la parte de nuestro cuerpo más
vulnerable e indispensable. Pablo llama a esta parte protectora el casco de la salvación. Esto se refiere a
un conocimiento firme, no solamente a la salvación presente que tenemos en Cristo, sino a toda la
seguridad, confianza y esperanza que la acompaña. Con un conocimiento firmemente anclado en nuestro corazón de que
la salvación es nuestra, podemos resistir a cualquier enemigo: “Nosotros que somos del día, por el contrario, estemos
siempre en nuestro sano juicio, protegidos por la coraza de la fe y del amor, y por el casco de la esperanza de
salvación”, (1 Tesalonicenses 5:8, NVI). A través de la esperanza de la salvación protegemos nuestra mente. Pablo
afirma que “nosotros tenemos la mente de Cristo”, (1 Corintios 2:16, RV60). El texto en el que se basó este versículo es
Isaías 40:13 que dice: “¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?”, donde la palabra Espíritu
proviene del hebreo rúakj ( ַוחּר ;(pero la Septuaginta tradujo la palabra rúakj ( ַוחּר (como noús (νοῦς), vocablo griego que
significa mente. Esta interpretación permite que Pablo llegue a la conclusión de que gozar del Espíritu (la mente) de
Cristo es poseer la capacidad de comprender las verdades de Dios. Nuestra mente es sumamente importante, lo que
entendamos acerca de nosotros mismos y de Dios determinaran nuestras acciones, por tanto, es importante que nuestra
mente este influenciado por la palabra de Dios. Por ello la Biblia nos exhorta a cuidar nuestra mente:
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“No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar
cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”.

Romanos 12:2 (NVI)
En vez de ser moldeados por los valores de este mundo, el creyente debe ser transformado mediante la
renovación de su mente. La palabra transformados proviene del griego metamorfóo (μεταμορφόω), de donde proviene
nuestra palabra metamorfosis la cual literalmente significa una alteración de la forma, la cual experimentan algunas
especies. Por ejemplo, algunos insectos sufren este cambio radical, como los gusanos que entran en una especie de
hibernación en un capullo para luego convertirse en un ser completamente diferente que conocemos como mariposa.
Cuando venimos a Cristo tenemos una mente dañada por todo lo malo que aprendimos en el pasado, nuestras conductas y
hábitos están influenciados por los principios de este mundo. Sin embargo, el deseo de Dios es que seamos transformados
completamente, pero esto se lograra a través de renovar toda nuestra mente. Debemos desechar todos nuestros prejuicios,
impurezas y sentimientos indignos reemplazándolos por la revelación bíblica.
La Espada del Espíritu
“… y la Espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”

Efesios 6:17 (NVI)
a espada, que es la palabra de Dios, es la única arma ofensiva mencionada en esta armadura. Varios tipos
de espadas fueron usadas por los soldados romanos en sus largas batallas, espadas de un filo; espadas tipo
dagas, más cortas; y la majaira. La hoja de la majaira era de dos pies de largo. Tenía filo en ambos lados,
y la hoja podía penetrar rápidamente en la víctima. La mayoría de sus enemigos usaban espadas largas, de un solo filo,
que mostraron su desventaja contra la rapidez y agilidad de los romanos. Cuando el oponente se colocaba para mover su
espada, podía ser fácilmente atravesado por una majaira. Por esto mismo el autor de la carta a los Hebreos compara la
palabra de Dios con una espada de dos filos.
“Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta
los más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del
corazón”.

Hebreos 4:12 (NVI)
En griego, hay dos términos usados para referirse a la expresión “palabra”, los cuales son logos y rhema. Es
interesante que el escritor usara el término griego rhema en lugar de logos. Logos se refiere a una proclamación por
escrito, en el contexto del evangelio como un todo. En contraste, rhema se refiere a palabras habladas, con una
implicación más dinámica. En este sentido, la palabra de Dios no es solo un montón de páginas escritas sin mayor
trascendencia, al contrario, está viva y es eficaz y cortante como una espada de dos filos capaz de penetrar en lo más
profundo de nuestro ser. Solamente tenemos que citarla con nuestra boca y esperar sus efectos poderosos en nuestra vida.
Respecto a ello Billy Graham nos dice: “La Biblia es la única arma que puede combatir el diablo. Cuando citamos la
Biblia el diablo corre… cuando usamos la Biblia como una espada ahuyentamos la tentación”. En la lucha con la
tentación, esto significa que la palabra de Dios es nuestra mejor arma ofensiva y la más admirable. El hecho de que Jesús
citara las Escrituras tres veces durante la prueba de Satanás en el desierto, debiera ser suficiente para convencernos de
que hasta Dios encarnado se apoyó en la Palabra para poder resistir al diablo.
Estad Firmes

“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado
todo, estar firmes”.

Efesios 6:13

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l soldado romano tenía la mejor armadura de esos tiempos y el mejor entrenamiento. No cabe duda que el
enemigo de nuestras almas va a hacer todo lo que pueda para encontrar la oportunidad para atacarnos,
tentarnos, desanimarnos, acusarnos, y por lo tanto, derrotarnos. Las fuerzas del mal se encuentran en
cualquier lugar. El león que busca una debilidad para poder atacar, siempre está despierto. Las fuerzas demoníacas están
a la búsqueda de una habitación, los poderes de Satanás son fuertes. Sin embargo, nunca debemos olvidar que la
armadura de Dios es suficiente y poderosa para resistir cualquier ataque del reino del maligno. Los dardos de fuego del
maligno no podrán atravesar el escudo de la fe. Satanás no puede penetrar el casco de la salvación o la coraza de justicia.
La espada que empuñamos (la palabra de Dios) es más cortante y mortal que cualquier arma del arsenal de Satanás.
El apóstol Pablo termina diciéndole a los creyentes que una vez estén ceñidos con la armadura de Dios, no cesen
de hacer oraciones por todos los santos y por los predicadores de la palabra de Dios: “orando en todo tiempo con toda
oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin
de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, De igual
manera la oración es otra arma grande que tenemos”, (Efesios 6:18-19). No cabe duda que aparte de ceñirnos de la
armadura de Dios, debemos fortalecernos en la oración. El evangelista D. L. Moody dijo referente a la oración: “La
oración debe ser siempre la fuerza principal de nuestra vida. Haga lo que sea sabio, pero no antes de haber orado.
Mande a llamar al médico si está enfermo, pero primero ore. Empiece, continúe y termine todo con oración”.
Finalmente, el apóstol Santiago nos dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”, (Santiago
4:7). La clave para resistir al enemigo de nuestra alma es someternos a Dios, vivir en santidad y oración, vestidos de la
armadura del cristiano, y cuando eso ocurra podremos resistir al diablo y esté huira de nosotros.

Bibliografía
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